Juan Esteban Fassio. Orígenes de la ‘Patafísica porteña [‘Pp] – Parte primera [Pp]*

Cadenas Canon - Argentina - 'PataphysicsPermítaseme vincular, a modo de conclusión, la Patafísica con el budismo Zen. Si se le preguntara a un maestro zen-patafísico “¿cuál es el verdadero sentido de la frase sobre el cocodrilo?”, se echaría a reír y nos golpearía varias veces con su bastón de física. No existe verdad fuera de la experiencia patafísica.

Juan Esteban Fassio, Creador-Fundador del IAEPBA, Regente de trabajos prácticos rousselianos, Proveedor Propagador de los Países platenses de Mesembrinesia Americana, Administrador Antártico y Gran Competente de la Orden de la Gran Guidouille [o espanziral].

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La historia es así: un joven argentino, más bien solitario, lee un día de principios de los 50 o finales de los 40, en la Nouvelle Revue Française, un artículo sobre la fundación, en París, del Collège de ‘Pataphysique. El joven, que además de ser francófono es, entre otras muchas cosas, dibujante, se empieza a interesar por esa sociedad de pensadores de la que nadie en Buenos Aires ha oído hablar hasta entonces. Su nombre es Juan Esteban Fassio, “inventor, imaginero, ensayista, dibujante, traductor, compilador, patafísico, bibliófilo y pensador heterodoxo”, y es, aún hoy, una figura más bien desconocida en el panorama cultural argentino. Salvo, claro está, entre los lectores de Julio Cortázar, que le dedica su “De otra máquina célibe”, con foto incluida en la primera edición de La vuelta al día en ochenta mundos.

A Jarry ya se lo había leído en Buenos Aires: lo muestra un artículo en Martín Fierro, en enero de 1925. Pero para Fassio, como buen patafísico, Jarry no es más que una excusa para hablar de “la ciencia” y hacer que otros lean sobre ella. Así, en 1954, aparece en Letra y línea, revista de corte surrealista dirigida por Aldo Pellegrini, su “Alfred Jarry y el Colegio de ‘Patafísica”. Y el artículo no empieza con Jarry, sino con otro raro, sin duda más cercano al Río de la Plata: “Hay obras que desafían todo ‘ensayo de explicación’, que resultan incómodas de ubicar en las historias de la literatura. El tomo que lleva el título Obras completas de Lautréamont, con sus dos partes todavía contradictorias para la crítica […], constituye una constante provocación”. Lautréamont será una constante en la ‘Pp [recordemos: ‘Patafísica porteña]: años después, otras dos figuras clave, Albano Rodríguez y Eva García, se mudarán a Montevideo para realizar una investigación sobre el escritor franco uruguayo. Fruto de esa investigación será la biografía Isidore Ducasse, Comte de Lautréamont, firmada por otro ilustre del Collège, François Caradec, “avec la collaboration de Albano Rodríguez”. A fin de cuentas, no es de extrañar: entre los 27 volúmenes de la bibioteca del Doctor Faustroll, Jarry había incluido, nada menos que en el número 13, Los cantos de Maldoror.

Pero quiero volver al artículo de Letra y Línea. Fassio conoce bien a su público y aprovecha la plataforma surrealista porteña para anunciar la creación, cinco años atrás, del Collège de ‘Pataphysique, y para presentar a la ´Patafísica como una ciencia necesaria. Esta expresión de “ciencia necesaria” se ha convertido -y lo era ya en tiempos de Fassio- en un lugar común cuando se trata de definir la ‘Patafísica. Pero en el artículo de Fassio, y sin que sirva de precedente, la necesidad de la creación del Collège es literal: sólo desde la ‘Patafísica podrá interpretarse la obra jarryana. Pero es evidente que a Fassio le interesa la ‘Patafísica más allá de la obra de Jarry, porque abre un camino que los surrealistas solamente presintieron. En esto, Fassio es lo suficientemente sutil como para hacer que los lectores de Letra y Línea se interesen por la ‘Patafísica como una experiencia surrealista más, pero en realidad está diciendo algo mucho más transgresor y sin embargo reconocido: que lo que el surrealismo intuye, la ‘Patafísica ya lo ha experimentado: “en este punto, como en muchos otros, las investigaciones y descubrimientos de Jarry coinciden con las más vitales intenciones del surrealismo; Breton, Duchamp y Péret no han dejado de declararlo expresamente”, sigue su artículo.

A estas alturas, Fassio ya había pasado por el grupo Madí, que lo incluyó como parte de su tercera exposición, en noviembre de 1946, y frecuentado el grupo surrealista de su amigo Aldo Pellegrini; estaba buscando un lugar no sólo de acción, sino también de pensamiento heterodoxo. Y, si nos atenemos a su biografía, que aún está por escribir, parece que sólo lo encontró en los círculos patafísicos que, por otra parte, él mismo contribuyó a crear. En 15 del Clinamen del año 84 de la Era Patafísica (en el calendario vulgar, el 6 de abril de 1957, fecha del nacimiento de Julien Torma), se funda en Buenos Aires el IAEPBA, Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires, para gran regocijo de la ‘Pp y de la ‘Pu [‘Patafísica universal]. Pero para escribir sobre esto hace falta hablar de los ya mentados Albano Rodríguez y Eva García, y de otros no menos importantes como Jesús Borrego Gil y el mismísimo Oliverio Girondo. Será otro día, si Orbónide y Lutembi lo consideran apropiado.

* Para mejor compresión electrónica, he eliminado las notas al pie de este artículo. Confío en que el lector confíe en mi minuciosa tarea archivística para redactar este texto.

Posted by Isabel Cadenas Cañón – PhD Candidate in Spanish and Portuguese at NYU

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