Literatura colombiana contemporánea, ¿no futuro?

Arango - Colombia - Literatura

Luz Mary Giraldo, especialista en literatura colombiana

Llegué a Bogotá con la intención de entrevistar a varias personalidades del campo literario colombiano sobre literatura reciente –últimas dos décadas–, y más específicamente sobre “imaginarios del futuro” en la narrativa colombiana contemporánea.

Quizás lo que motivó esta pregunta, en un principio, fue un agotamiento personal con el estado de cosas actual en el ámbito social, político, cultural en Colombia. Más aún, la sensación de que “no hay futuro”, que no hay un porvenir esperanzador, donde todos los ciudadanos sin importar el origen social, económico, étnico o cultural podamos vivir en paz, gozar del trabajo que queremos y sabemos hacer; acceder por igual a la educación, salud, pensión, ocio, justicia, seguridad; desarrollar libremente nuestra personalidad, género, sexualidad. Derechos que en Colombia se ven particularmente amenazados por la ausencia histórica del Estado en vastas regiones del país; un modelo económico que ha privilegiado tradicionalmente a las élites y, por lo tanto, que ha creado enormes desigualdades; una cultura política basada en la intolerancia y el acallamiento violento de las diferencias; la propagación del narcotráfico y su maquinaria de guerra; el conflicto armado entre ejército, guerrillas y paramilitares, entre otros factores.

En un panorama así, que incluso se podría concebirse como de crisis permanente, la pregunta por un futuro y un futuro alternativo al estado de cosas actual e histórico se hace fundamental. ¿Ha imaginado la literatura –el campo de la imaginación por excelencia– los futuros del país? 

Luz Mary Giraldo, profesora de la Universidad Nacional de Colombia y especialista en literatura colombiana, considera que los autores colombianos que han publicado a partir de la segunda mitad del siglo XX, han sido más bien reacios a imaginar estados, temporalidades o mundos alternativos y/o utópicos con relación al estado de cosas de lo que se llama “la realidad del país” –su permanente crisis– y, en general, a plantearse, de manera correlativa a su trabajo estético, algún tipo de “salida” o desenlace a la situación del presente. Un “presente” ya de más de sesenta años.

La pregunta que le hice entonces fue ¿cuáles serían la temporalidades que ha explorado la literatura colombiana contemporánea y de qué manera se ha relacionado ésta con la permanente crisis del país?

Luz Mary Giraldo, en primer lugar, define unas tendencias en la literatura colombiana desde los años sesenta hasta hoy, propias de una generaciones o, mejor, de unas “promociones” de escritores.

Una primera promoción, que comienza a publicar a partir de los años cincuenta y sesenta, y a la que pertenecerían Germán Espinoza y Héctor Rojas Herazo, tiene una marcada tendencia a la exploración del pasado personal y del país, y a la mezcla del mismo con elementos fantásticos o míticos. Tendencia que se ha asociado con el realismo mágico y también con el barroco.

Luego viene una promoción de la que harían parte escritores como Fanny Buitrago, Luis Fayad, R.H. Moreno Durán, Fernando Cruz Cronfly, Rodrigo Parra Sandoval y Óscar Collazos –y en la que entraría Andrés Caicedo como outisider — que se interesa por una perspectiva frente a la realidad del país influida por las ciencias sociales –no en vano, varios de estos escritores tienen formación en sociología, derecho y ciencias políticas. Para Giraldo, esta fue una promoción de ruptura, cuyas formas narrativas presentan un desafío para el lector, que se interesó por su época y, especialmente, por las distintas formas de la violencia, así como por las expresiones irreverentes frente al pensamiento burgués y por los movimientos libertarios y de izquierda. Sin embargo, muy pronto también mostró cierto desencanto frente a lo que estos movimientos podrían hacer, sobre todo a través de la vía armada. Una muestra de esto último –que Giraldo considera profética respecto a lo que sucedió después con la izquierda en Colombia—es la novela Juego de Damas (1977) de R.H. Moreno Durán, primera parte de su trilogía Femina Suite.

Según Giraldo, de esta promoción de escritores, sólo Rodrigo Parra Sandoval se ha interesado por el pasado y lo contemporáneo en términos de lo que estos tiempos entrañan para el futuro. Asimismo, desde entonces hasta hoy, ha explorado los efectos del internet y del hipertexto en la escritura y las relaciones humanas teniendo como telón de fondo la pregunta por el porvenir.

Luego de esta promoción de escritores, Giraldo distingue otra que empieza a publicar a partir de los años ochenta, y en la que se encontrarían autores como Fernando Vallejo, Evelio José Rosero, Tomás González, Darío Jaramillo Agudelo, Laura Restrepo –así como Antonio Caballero con su novela única: Sin remedio. Guardando las marcadas diferencias entre los universos y estilos de cada uno, Giraldo detecta una tendencia a la reflexión sobre el presente del país a partir de la rememoración del pasado colectivo y personal. Un pasado que se mira con nostalgia como si fuera una especie de paraíso perdido, frente a un presente que se encamina hacia la destrucción y la nada. Es, para Giraldo, una generación marcada por el horror y el desencanto frente al presente y los llamados grandes relatos.

Por último está la promoción de escritores que empezó a publicar a partir de los años noventa y dos mil y entre quienes se encontrarían: Héctor Abad Faciolince, Juan Gabriel Vásquez, Santiago Gamboa, Jorge Franco, Antonio Ungar, Mario Mendoza, Pedro Badrán, Enrique Serrano, Ricardo Silva, Carolina Sanín, Lina María Pérez –y William Ospina como outsider, en la medida en que es, para ella, una especie de narrador del Boom. Muchos de estos autores tienen la particularidad de haber estudiado Comunicación Social o Literatura y ser “escritores profesionales”; lo cual se entiende tanto en términos de una capacidad para producir obras con una limpia “factura” y una narración eficiente, como en términos de la posibilidad de vivir de su escritura, gracias a los libros por encargo y al periodismo cultural. Algo que no sucedía con las generaciones anteriores.

Algunos autores de esta promoción no se interesan –o no en todas sus obras—por la realidad colombiana, como es el caso de Enrique Serrano y Juan Gabriel Vásquez en su segunda novela, sino por personajes y sucesos de otras geografías y épocas, reapropiados como “temas universales”. Los otros, dice Giraldo, han producido obras que ella calificaría como “presentistas” –es decir, que evitan la rememoración o la imaginación del futuro–, y en las cuales los personajes viven una sensación de vacío, vértigo y escepticismo frente a la realidad colombiana y al futuro, que los hace volcarse hacia la pura experiencia del cuerpo y sus placeres, o hacia lo que Giraldo llama “la vida”. Según ella, ésta es una literatura “para vivir”, fuertemente influenciada por los medios de comunicación –sobre todo por la televisión—y el periodismo, así como por los premios y demandas editoriales respecto a lo que “vende”.

Giraldo, entonces, traza un arco respecto a las temporalidades de la literatura colombiana y su relación con la realidad del país a partir de los años sesenta. Este arco va desde una literatura abocada a su época y a las posibilidades de análisis del pasado y del presente que ofrecen las ciencias sociales, así como a las alternativas que proponen los movimientos de izquierda; pasa por una literatura de la rememoración del pasado como paraíso perdido, de desencanto frente al presente y los grandes relatos, e incluso, de sentimiento apocalíptico respecto al futuro; hasta una literatura “presentista”, volcada sobre el cuerpo, la experiencia, la vida, que se niega a recordar el pasado o a imaginar el futuro, quizás porque en ambos casos no ve sino el horror.

De una u otra manera, en las distintas épocas de la literatura colombiana que traza Luz Mary Giraldo, un imaginario del futuro está presente aún en su ausencia, y este imaginario es sintomático de vivir y concebir la existencia en un estado de cosas determinado. Ésa fue una de las conclusiones de este diálogo.

Posted by Catalina Arango-Correa — PhD Candidate in Spanish and Portuguese

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