Grupo Cultural Yuyachkani: Creación colectiva y memoria colectiva

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Casa de Yuyachkani: Calle Tacna 363, Magdalena del Mar – Lima 17, Perú

La casa del Grupo Cultural Yuyachkani – o “los Yuyas” como el tiempo y el cariño les ha dado como nombre – se encuentra en el antiguo distrito de Magdalena, cerca del mar limeño. Desde esta casona republicana han salido y a esta casa han ingresado los materiales humanos y culturales que alimentan una historia grupal de más de 40 años. Los integrantes del grupo – Augusto Casafranca, Amiel Cayo, Ana Correa, Débora Correa, Rebeca Ralli, Teresa Ralli, Julián Vargas, y su director, Miguel Rubio Zapata – descubrieron muy pronto que, para hacer un teatro en diálogo honesto con la historia política y social peruana, tenían que sondear en un pasado compartido, participar activamente en un presente fragmentado, y construir juntos un futuro abierto a la inclusión. En estas coordenadas temporales en constante flujo, sus cuerpos y sus voces fueron la materia prima que le permitió a Yuyachkani adentrarse individual y colectivamente en un viaje que se ha nutrido de memoria y que, a la vez, ha producido un espacio en donde ahora residen partes vitales de la memoria colectiva peruana.

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Patio de la casa de los Yuyas

Miguel Rubio me recibe en la casa de los Yuyas con una sonrisa amable, una voz llena de experiencia, y una generosidad infinita al compartir la historia de su grupo. Camote, un perro peruano feliz y lleno de energía, nos acompaña y nos recuerda que una casa es una casa: que el ambiente de familia también puede permanecer al centro de proyectos que indagan en identidades colectivas. Miguel me habla de los inicios del grupo, que parecen mezclarse con la historia misma del país; me habla de cómo se organizan para crear colectivamente, del compromiso político del grupo y, precisamente, de la idea de “grupo”, crucial para el trabajo de creación colectiva. Me habla también de cómo el grupo reconoce y aplaude los proyectos personales de sus integrantes, que siempre han traído formas de crecimiento y diálogo abierto. Así, lo individual y lo colectivo fluyen en continuo movimiento, tanto como proyecto estético y como forma de vida. Si el teatro es acción política, los Yuyas han trabajado constantemente para que el hecho escénico, la investigación y la producción cultural y las luchas por los derechos ciudadanos se unan como una sola fuerza de rescate y de afirmación de la memoria colectiva.

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Los músicos ambulantes: 30 años cantándole a la diversidad cultural

Son casi las 8 de la noche y la Casa de Yuyachkani está cubierta de esa tenue garúa limeña que se te cuela por los huesos insistentemente, casi como revancha por no ser llamada lluvia. Voy a ver “Los músicos ambulantes” por tercera vez, y pienso que podría verla decenas de veces más. La casa está llena de gente de todas las edades que espera tranquilamente, segura de que disfrutará del espectáculo. Es casi 28 de julio – Fiestas Patrias peruanas – y este año “Los músicos” cumplen 30 años de funciones ininterrumpidas en territorio nacional e internacional. Cuatro personajes peruanísimos – un burro andino, un perro norteño, una gallina chinchana y una gata selvática – se juntan en una comedia musical que celebra la diversidad cultural y el trabajo compartido. Como todos en el público, me río, muevo los pies y aplaudo al ritmo de valses criollos, zamacuecas, huaynos, marineras, cumbias amazónicas, ritmos chicha… en fin, infinitos tonos y ritmos que nos transportan a partes del país que conocemos o que quisiéramos conocer. Pienso que los Yuyas han presentado esta obra por 30 años en todos los espacios imaginables – desde coliseos deportivos hasta calles abiertas – y por un momento pienso, con tristeza, que en estos 30 años, mi país aún no ha aprendido a aceptarse y reconocerse como diverso y fragmentado. Pero luego veo a jóvenes y viejos riendo juntos, tomándose fotos con los actores al final de la puesta, y pienso que las voces de “Los músicos ambulantes” y los Yuyas siguen vigentes no porque no hayamos aprendido nada, sino porque tenemos que recordar lo que vamos aprendiendo, para poder caminar juntos. Porque los Yuyas siguen ayudándonos a luchar contra el olvido.

Posted by Leticia Robles-Moreno – PhD Candidate in Performance Studies at NYU

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