La Memoria Circundante o La Magdalena de Proust es el Picante de Pollo: Tres Semanas en Cochabamba, Bolivia.

Posted by Guillermo Severiche – MFA Student at Creative Writing in Spanish at NYU

19657358_10159097971850171_8052250488422476688_n

Poco antes de llegar a Cochabamba releía la frase de Por el camino de Swann en donde el narrador sumerge su magdalena en el té y el recuerdo de pronto lo invade. Allí entiende que del pasado antiguo – una vez todo muerto y derrumbado – lo que más subsiste son los olores y sabores. Allí esperan, dice, aguardan entre las ruinas salvaguardando la memoria incólume de las personas pasadas que han dejado de ser, de los momentos matutinos que quizás significaron más de lo que pensábamos. Al aterrizar en Cochabamba tuve la sensación de un retorno ajeno. Al principio pensé que había algo familiar en todo esto, que volvía a la casa que hacía poco había vuelto a abandonar. Al día siguiente y durante las próximas tres semanas, fueron muchos los indicios que me permitieron entender que los recuerdos persisten en zonas geográficas ajenas para uno pero cercanas a aquellos del pasado; que es posible recordar cosas desconocidas porque significaron la vida diaria de los seres que de alguna u otra forma nos definieron. Un plato de sopa, un pedazo de pan, algunos modos de habla y entonaciones de voz, me trajeron a la memoria cosas de mis abuelos que llevaron consigo al emigrar hacia la Argentina como modos cotidianos de vida y que han permanecido a mi alrededor más allá de su muerte.

En el Instituto PROEIB Andes – donde realicé mi primera estancia de investigación – me dediqué a acopiar bibliografía y leer sobre las memorias bioculturales de los pueblos indígenas de los Andes. Estas comunidades, como muchas otras en el planeta, desarrollaron una sabiduría respecto a la naturaleza circundante que les ha permitido no solo sobrevivir sino también mantener una relación productiva y recíproca con la naturaleza. Son sociedades agrocéntricas, ya que consideran a todos los elementos naturales como entidades vivas e iguales a uno, como personas sintientes y cambiantes. Cría y déjate criar, sería la fórmula. Deja que la chacra que has trabajado en este año te indique cómo continuar, qué hacer; deja que te enseñe, aprende a sentir porque allí reside la clave de la subsistencia armónica del humano con el resto del mundo. Deja también que aquellos que han muerto te digan qué hacer, porque aquí están como entidades firmes y afectivas, llenos de sabiduría. Aprende a leer las nubes, la consistencia del suelo, los soplos del viento y la intensidad del sol; estos son lenguajes que otros han dominado y que ahora estás aprendiendo para que luego los comuniques a los demás. La memoria biocultural consiste en sabidurías heredadas y expandidas por la experiencia, que permiten establecer lazos de reciprocidad con la naturaleza. Estas sabidurías están enlazadas a una cosmogonía y una cosmovisión que trascienden la vida tangible; están conectadas con dioses muy presentes y actuales. Estas sabidurías también dependen de prácticas, de haceres; y del lenguaje, ya que allí se cristalizan en términos y conceptos intranscribibles al castellano.

Todos los días caminaba de la universidad al mercado pensando en esa otra frase de Proust en donde trae a colación la creencia céltica de que las almas de los muertos persisten atrapadas en otros seres: un árbol, un animal, o incluso un objeto inanimado. Ahí permanecen encarcelados hasta el día en que entramos en contacto con ellos y a gritos nos llaman. Y cuando reconocemos esa voz perdida hecha piedra, vuelo de pájaro o aroma de flor, es que entonces se liberan y logran vencer la muerte y el olvido. Pasan a vivir con nosotros, resucitados en la memoria y el recuerdo inaudito despertados por el azar. Una bocina, las caseritas llamándome waway y ofreciéndome sus platos, las licuadoras, más bocinas. Me sentaba en cualquier mesa y pedía un picante de pollo, la comida que mi abuela preparaba en ocasiones especiales. Algunas veces, en la combinación de la cebolla y la pechuga, o de la salsa y el chuño y la papa hervida, lograba reconocer su mano, su toque. Era un esbozo, un rincón perdido de mi memoria que – quiero creer – lograba liberarla y sentarla a mi lado.

 

Severiche_Bolivia_picantedepollo

Severiche_Bolivia_intiraymi2

Severiche_Bolivia_Cochabambaview

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s