Ejercitando la Mirada Ch’ixi. Cuatro Semanas en La Paz, Bolivia.

Posted by Guillermo Severiche – MFA Student at Creative Writing in Spanish at NYU

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La función más efectiva del colonialismo, según Silvia Rivera Cusicanqui, ha sido la de hacer que las palabras no designen, sino encubran. Los discursos públicos se han convertido, dice también, en formas de no-decir ya naturalizados; y esto luego estalla en actos colectivos violentos e incluso irracionales (pienso en las diferentes manifestaciones que ocurren en el mundo con sus consecuentes muertos y heridos, por ejemplo). Es por eso que las imágenes merecen ser consideradas como fuentes cognoscitivas de alto valor teórico e histórico respecto a su tiempo de producción, ya que pueden decir cosas que las palabras no alcanzan o no tienen permitido presentar. Pero este tiempo no permanece aislado ni ajeno al bagaje de lo que muchos otros hicieron en el pasado: vivimos en un presente poroso, atravesado espontánea y también sistemáticamente por los resabios de los actos benévolos, rebeldes, violentos, opresivos y egoístas de la historia que perviven en lo que vamos haciendo y atestiguando día a día. El presente, dijo Silvia en un encuentro, es una superficie sintagmática en la que los diferentes horizontes políticos y sociológicos vuelven a aparecer todos juntos, apelmazados a veces, contradictorios también.

Durante estas semanas en La Paz me dediqué a participar en el seminario de Sociología de la Imagen dirigido por Silvia Rivera Cusicanqui en el tambo del Colectivo Ch’ixi. Esto implicó llevar lecturas, participar en las charlas y acompañar en algunos viajes itinerantes en La Paz (el Museo de la Revolución) y otras ciudades de Bolivia (Sucre y Potosí). El objetivo de la propuesta de Silvia es desacostumbrar la mirada de lo que consideramos cotidiano, desfamiliarizar nuestra natural forma de observar el mundo y, sobre todo, al otro que convive a mi lado; dejar de creer en el peso de las palabras – sobre todo las históricas – para entender que las imágenes junto a su dimensión afectiva recuperan un hondo espacio sociológico con el cual confrontar la realidad. Debemos vivir mirando y sintiendo lo que está en frente: no sólo el futuro, sino también el pasado. Según la cosmovisión aymara, sólo situándonos en un espacio que conciba su futuro rememorando el pasado, es que se podrá estar con los pies en la tierra.

Esta propuesta hermenéutica respecto a las imágenes tiene que ver con un concepto clave en el quehacer teórico de Silvia y de todos los que componen el colectivo. Las imágenes pueden otorgar sentidos claves para entender el tramado social; tienen su propia trayectoria y se van reactualizando y van despertando sentidos no capturados por el sistema verbal ni concientizados siquiera en la dimensión social. Pero entonces ¿cómo acercarse a la construcción visual con una mirada desestructurada que logre ver las aristas y los marcos difusos que hacen que cierta imagen tenga implicación en la actualidad? Lo ch’ixi – término aymara – es lo que resuelve este problema. Según explica la misma Silvia en su libro Sociología de la imagen, el término refiere literalmente al gris jaspeado, formado a partir de infinidad de puntos negros y blancos que se unifican para la percepción pero permanecen puros, separados. Lo ch’ixi es una manera de percepción, de pensamiento y de habla que tiene como base lo múltiple y contradictorio que logra convivir en un mismo espacio. No es algo que haya que superar, no se necesita una síntesis ulterior o una unidad integrada; lo ch’ixi resguarda una fuerza explosiva y contenciosa que catapulta las posibilidades de pensamiento y de acción. No hay sincretismo, ni hibridez, ni armonía; sino una superficie contradictoria en la que todos los elementos que me componen conviven en sus tensiones y tonalidades. Esta desestructuración de la mirada permitiría trazar líneas conceptuales entre imágenes (el dibujo del “sesto capitán” de Felipe Guaman Poma de Ayala, por ejemplo) y realidades políticas contemporáneas que definitivamente llevan consigo el peso de la historia (las políticas económicas y extractivistas del gobierno de Evo Morales).

El ejercicio metodológico y la insistencia de situarnos con los pies en la tierra en el lugar en el que estamos (Bolivia, 2017; territorio sujeto a formas diversas de colonización así como sucede en muchos otros territorios de América Latina) ha sido para mí un reto tanto intelectual como afectivo. Pienso en las formas en que he trabajado y trabajaría con la filosofía occidental, con la producción literaria y teórica que han formado los pisos académicos de mi actividad. Quizás la incomodidad y la incertidumbre sean espacios en los que reconstruir o, mejor dicho, situarme en la escritura investigativa y creativa. Es un reto proponer ideas, conceptos, modos de percepción sobre obras artísticas concibiendo que lo hago desde aquí – donde pongo los pies y respiro – y ningún otro lugar. Es el azar, la contradicción y la imposibilidad de aprehender la porosidad del presente lo que debe despojarme del mandato cientificista y de los modelos semánticos colonizantes ya bien internalizados. Sin lugar a dudas esta experiencia ha sido un reto y un ejercicio que pretendo seguir llevando a cabo de aquí en más.

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