Riesgos y necesidades de las comunidades indígenas ante COVID-19

Mikhael G. Iglesias L. – Candidato de Maestría, NYU CLACS  

A medida que los casos y muertes diarias aumentan en el mundo, donde Latinoamérica y el Caribe representa un 45% de las muertes, sectores históricamente abandonados por políticas públicas en la  región como las comunidades indígenas y afro-descendientes quienes se ven más vulnerables frente a la pandemia. El acceso limitado para estas comunidades a servicios básicos como agua, luz o servicios sanitarios, en el contexto de COVID-19 expone la precariedad y riesgo que enfrentan. Prácticas culturales, o incluso idiomas en algunos casos, están en riesgo de desaparecer. Igualmente significativo es el deterioro de la calidad de vida debido al no poder mantener sus actividades económicas ni poder acceder a un sistema de salud pública adecuado. 

Toro Toro, Norte de Potosí, Bolivia. Créditos: Gladys Camacho

Carla García, Coordinadora de Relaciones Internacionales de OFRANEH (Organización Fraternal Negra Hondureña) y miembro de la comunidad garífuna de Honduras, describe cómo se preparan ante el COVID-19. “Nosotros estamos en constante comunicación con nuestros ancestros”, comentó Carla al explicar sobre un mensaje transmitido que resaltaba la importancia de tener el sistema inmune activo para reducir o prevenir complicaciones debido a COVID-19. Ella junto a sus hijos contrajeron el virus y con los tés adecuados que mencionaron los ancestros, pudieron lidiar con los síntomas y padecimientos que el virus presentó en sus casos.

La comunidad Garífuna también ha adaptado sus tradiciones junto a la medicina convencional para atender esta crisis. Carla señala la participación de doctores de la comunidad, egresados de la Universidad Nacional Autónoma y la ELAM en Honduras, en diseñar estrategias para atender la pandemia que incluyeron la elaboración de un manual de medicina ancestral en conjunto con la médico naturista Fannie García. También espacios comunitarios de acopio que han servido para dar comida, medicamentos naturales, o mascarillas durante la pandemia, ahora sirven también como centros para atender casos de pacientes que tengan síntomas del COVID-19. Este ejemplo de esfuerzo colaborativo resalta la importancia de las iniciativas de base comunitaria, dada la precariedad del sistema de salud en Honduras en el que es responsabilidad de cada paciente adquirir cualquier medicamento o insumo médico que sea necesario, aún asistiendo a los centros de atención, comentó Carla. 

Gladys Camacho, autora Quechua hablante de Cochabamba y estudiante de doctorado en lingüística en la Universidad de Texas, resalta el riesgo que enfrentan las comunidades indígenas en Bolivia de perder la riqueza cultural y lingüística. “Las personas de mayor edad son quienes preservan el conocimiento de su lengua y cultura, quienes lo transmiten a nuevas generaciones”, señaló Gladys. Siendo también la población que se encuentra en mayor riesgo de muerte por COVID-19, de no tomarse las medidas necesarias, la cosmovisión de comunidades indígenas de la región podría perderse.

Uma Piwra, Cochabamba, Bolivia. Créditos: Gladys Camacho

Gladys también resalta lo complejo que ha sido explicar y comunicar toda la información y riesgos referentes al COVID-19, especialmente cuando los recursos disponibles no consideran la visión de mundo que tienen las comunidades indígenas. “Respetando sus cosmovisiones e ideologías, debería adaptar este mensaje del coronavirus y hacer llegar a su pueblo… y no hacer una traducción sin sentido”, recalcó Gladys. Ella continúa explicando cómo “quedarse en casa” resultaba problemático para traducir, dado que muchas de las comunidades no tienen casas, sino una comunidad. Siendo lo más adecuado para comunicar la importancia de la cuarentena, “no salir de la comunidad”.

La poca importancia  que se le ha dado a estas comunidades por gobiernos nacionales de la región, y las complicaciones en cuanto a la comunicación de las medidas e información importante, ha llevado a que haya muchos infectados en las comunidades poniéndoles en grave riesgo de desaparecer. En el caso de una comunidad Yuqui en Bolivia, donde tan sólo hay unos 140 hablantes representando la familia lingüística tupí guaraní y quienes han sido afectados históricamente por tuberculosis, ahora para el 17 de Junio se reportaba que tienen más de 16 infectados en el pueblo. Esto, según el comunicado de prensa emitido por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en junio, “podría representar un grave riesgo para la supervivencia del pueblo indígena”.

Tanto las comunidades indígenas en Honduras como en Bolivia nos muestran la complejidad que representa la pandemia por COVID-19. No sólo se trata de garantizar acceso a servicios básicos de salud y de realizar pruebas para detectar infectados. La falta de información que se asimile dentro de la cosmovisión de estas comunidades, ha generado suspicacia, atribuyendo las noticias sobre COVID-19 a una “conspiración para acabar con las comunidades indígenas”, señalan Carla y Gladys. La desinformación ha generado mayor incertidumbre y temor en muchas comunidades indígenas.

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